CENTRO de PSICOLOGÍA y LOGOPEDIA
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El Sentido de la Vida

 

Muchas veces creemos que estamos viviendo, cuando en realidad no es así.

 

Cuántas personas no pasan por la vida como meros observadores, de manera pasiva, sin participar realmente de su vida.

 

Si nos detuviésemos a pensar, a reflexionar seriamente sobre lo que hemos hecho o lo que estamos haciendo es posible que pudiéramos darnos cuenta de que no hemos encontrado el sentido a nuestra vida.

De hecho, hay bastantes personas que nunca llegan a encontrar ese sentido que realmente llene su existencia.

 

En parte, esto se debe a que vamos perdiendo la ilusión, que damos todo por sabido y vivido y caemos en una constante monotonía,  de modo que nuestro día a día se va convirtiendo, poco a poco, en algo rutinario, gris y vacío.

 

Dejando a un lado patologías psicógenas, muchas personas no son felices porque no han encontrado ese sentido a sus vidas, lo que les puede llevar a una existencia insulsa, a la desesperación o al suicidio anímico.

 

¿Por qué hay personas que en situaciones trágicas, en situaciones límites logran sobrevivir, se sienten fuertes en la terrible adversidad, se superan e incluso avanzan y crecen como personas?

 

Probablemente sepan de muchos casos,  yo les pondré dos ejemplos de personajes conocidos.

 

¿Por qué Nelson Mandela pudo resistir 27 años de prisión en condiciones deplorables?

 

¿Cómo logró vivir en una celda que era casi un zulo, recibir menos raciones de comida que el resto de presos, recibir una visita o una carta sólo cada 6 meses o realizar durísimos trabajos forzados en una cantera de cal?

 

¿Cómo, a pesar de tantas penurias físicas y emocionales, logró ser Presidente de Sudáfrica, Premio Nobel de la Paz, ser nombrado Doctor Honoris Causa en 7 universidades del mundo o recibir numerosos premios internacionales?

  

Les expongo otro caso: Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco.

 

¿Cómo este hombre logró superar su extrema vivencia en los campos de concentración nazis de Auschwitz y Dachau?

 

¿Por quéa pesar de los horrores presenciados y vividos en sus propias carnes pudo seguir creciendo personalmente después de que en esos campos de exterminio perdió a sus padres, a un hermano y a su esposa?

 

¿Cómo al concluir tan terrible vivencia logró dirigir la Facultad de Neurología de Viena; ser profesor en 5 universidades, entre ellas Harvard o Stanford; ser Doctor en Filosofía, escribir numerosos libros y recibir diferentes premios  internacionales?

Por cierto, les recomiendo uno de sus mejores libros: El hombre en busca de sentido.

 

¿Acaso nuestra vida, su vida, está siendo más dura que las que vivieron ellos?

 

¿Cambiaría su vida actual por las que vivieron cualquiera de los dos?

 

Cuando se sienta decaído, sin fuerzas, desanimado, perdido…, recuérdeles y compare su situación con la de Mandela y Frankl.

 

¿Tal vez es que estos dos hombres que he puesto de ejemplo estaban hechos de otra pasta,   eran superhombres quizás? No.

 

La respuesta  nos  la dieron ellos:  encontraron sentido para vivir, pues al encontrar el sentido a sus vidas hizo que cualquier sufrimiento perdiera valor y fuerza.

 

Nietzsche escribió:   “Quien tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”.

 

Así llegamos al núcleo que quiero transmitirles en este espacio: Encuentre su sentido de la vida; de ese modo será feliz y se sentirá satisfecho y realizado.

 

La pregunta es: ¿Cuál es el sentido de la vida?

Desgraciadamente no puedo responderles a esta pregunta.

 

El sentido de la vida es algo personal, totalmente individual, que varía de una persona a otra y según la época de la vida. Así, por ejemplo, en la adolescencia el sentido de la vida puede ser conseguir libertad o sentirse mayor; mientras que en la adultez, el sentido de la vida puede ser el amor hacia su pareja o la educación de sus hijos.

 

Por otra parte, el sentido de la vida se conforma de valores, que no objetivos.

Por tanto, estos valores no son metas a alcanzar, sino que los valores son un desarrollo, un proceso casi permanente.    

Para algunas personas un valor puede ser el proceso de pintar un cuadro, mientras que la meta es el cuadro una vez finalizado; para otros, un valor puede ser su profesión, o amar a una persona.

 

Lógicamente, no se suele tener un solo valor, sino que solemos tener varios.

Para saber cuáles son esos valores deberá detenerse a reflexionar sobre usted y sobre la existencia que lleva.

Estos valores deberá buscarlos, ya que nadie podrá hacerlo por usted, al ser algo individual.

 

Debe seguir siempre sus valores, independientemente de lo que suceda en ese proceso, en ese camino.

 

Lo que sí les recomiendo es que en ese sentido de la vida, que deberá buscar, debe imperar el optimismo y tener expectativas positivas, sólo de esa manera logrará superar los problemas, los sufrimientos planteándose éstos como retos, como una oportunidad para aprender, para conocerse, para hacerse más fuerte y crecer personalmente.

 

Es normal que en ocasiones pueda tener miedo en la vida. Pero si tiene claro los valores será capaz de tomar decisiones, sean correctas o incorrectas; si tiene claro los valores de su vida podrá arriesgar; y podrá equivocarse, pero al menos habrá decidido, habrá actuado, lo habrá intentado. Y se equivoca no se lamente, aprenda de esos errores, habrá adquirido experiencia, se sentirá satisfecho del intento y no se quedará con una duda permanente.

 

Evidentemente, el desarrollo continuado de los valores implica esfuerzo, errores, pero también éxitos.  

Teniendo claro ese sentido de la vida, con sus valores, adquirirá una buena autoestima; estará contento y convencido de lo que hace en el día a día; obtendrá seguridad, pues sabrá que se encuentra en el camino correcto, sintiéndose feliz en el desarrollo de sus tareas, lo que le hará comprender y aceptar mucho mejor la realidad, su realidad

Parte de esa felicidad está en no hacer lo que uno quiere,   sino en querer lo que uno hace.

 

En otro sentido, observe a los niños pequeños que le rodean.

¿Se ha fijado cómo disfrutan del momento, de las pequeñas cosas?  

Esta vorágine de nuestra sociedad, de velocidad, estrés y escasez de tiempo en la que todos vivimos inmersos hace que con demasiada frecuencia caigamos en la rutina, en la monotonía, en la desilusión…

 

Cambie su actitud. Redescubra su vida. Valore las nimiedades, los pequeños detalles que siempre han estado ahí, a su lado, y que pasan desapercibidos.

Muera cada noche para nacer cada día.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Permítanme que concluya este último espacio recitándoles un poema de William Ernest Henley, un poeta inglés del siglo XIX.

 

Este poema, por título Invictus, era leído con frecuencia por Nelson Mandela durante sus años de cautividad.

 

Su autor lo escribió después de que le amputaran una pierna, cuando contaba 26 años.

 

Es un canto a la fe, a la libertad y a la resistencia humana enfrentada a los momentos más desoladores, solitarios y terribles de la existencia.

 

Dice así:

 

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.

Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

 

Encuentre su sentido de la vida y su vida tendrá sentido.

 

Y, sobre todo,  sea usted el amo de su destino y el capitán de su alma.

 

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